Ray Ban Power Glass

Que, igual que has hecho tú (siempre siempre con una sonrisa y buen rollo) te contrapropongan y ahí ya tú decides si plantarte en tu precio o asumir un poco más si tiraste con esa intención por bajo, o que al conductor no le interese mucho el tema y ante tu oferta a la baja te diga que no y pase de tí. A buscar otro pues. Lo cierto es que salvo trayecto muy corto difícil que por menos de 100baths te lleven a ningún lado, aunque hay que intentarlo ;)..

Porqueporque soy débil y alguien a quien ponés en un pedestal siempre tiene la razón». En esta breve anécdota narrada por uno de los personajes secundarios de Los amores imaginarios(aquellos que aparecen en fragmentos semi documentales) se concentra la esencia del segundo film de Xavier Dolan: el pseudoamor, aquel al que se lo mantiene incandescente siempre y cuando no se mire a los costados, siempre y cuando importe más el concepto que cualquier clase de detalle sustancial. Dos mejores amigos, Francis (el propio Dolan) y Marie (una extraordinaria y nouvellevaguiana Monia Chokri) se enamoran de la misma persona, Nicholas (Niels Schneider), un despreocupado, bohemio y bello joven que brinda cario con la misma facilidad con la que se desliga de las consecuencias de su accionar.

Su obra m importante sobre epistemolog es El materialismo racional (1953). Sus an sobre lo imaginario est recogidos en libros que tienen que ver con su psicoan de los elementos: Psicoan del fuego (1938), El agua y los sue (1942), El aire y los sue (1943) La tierra y la enso de la voluntad (1948). Estas obras muestran una gran influencia de Carl Gustav Jung, sobre todo de sus ideas sobre la energ espiritual y la oposici Bachelard dedic los a de su vida a una b m po La po del espacio (1957) y La po de la enso 1960).

Es que la sencillez, en un mundo que se nos ha complejizado tanto, est de moda. Si el mundo es jodido, volvamos a lo esencial, a las personas de bien. Analicemos. Should they be sent for safekeeping to those Americans across the seas? By then most of the Jews in France will have left, gone across the oceans for their own safekeeping, to Israel or to English speaking Canada (they were worried about the Muslim population of Quebec, you see, which had been allowed to grow under the Province of Quebec’s policy of encouraging francophone immigrants, preferring North Africans to potential immigrants from Italy, Greece, Spain), and above all, to America. What luck those Americans have had. No more bequests to France by the likes of the Rothschilds, or Nissim Camondo.

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